La Coctelera

Categoría: Colaboraciones

Otra navidad sin Justicia (Diciembre 2.006)

Por Nacho Toledano (*)

Creedme que me encantaría hablaros de una Navidad estilo Norman Rockwell, aquel artista americano que pintaba -como nadie en su estilo- las Navidades del american way. Mirad una de sus estampas navideñas: todo respira paz familiar, tranquilidad en un hogar que nadie es capaz de perturbar.

"España carece de armonía. Al menos, de la armonía necesaria para celebrar despreocupadamente estos días. Existe un evidente trasfondo de preocupación, malestar social y tristeza: de falta de Justicia"

El mundo anglosajón ha implantado esas imágenes en nuestra retina. Un mundo sencillo de buenos y malos que, justo en estas fechas señaladas, establece un paréntesis equilibrado de armonía: chimenea rockwelliana mientras la nieve cae fuera y se puede ver por la ventana. Por desgracia, la realidad española dista mucho de ser una estampa de Norman Rockwell. Demasiadas aristas cercan nuestra Noche de Paz. Demasiados conflictos nublan nuestra esperanza navideña en este año 2.006. Este año ha sido duro y, sin embargo, llegó la Navidad otra vez, como si con ella no fuera la cosa. Grandezas y miserias de estas fechas. Y eso que tenemos la suerte -espero por vuestra salud mental- de no volar en Air Madrid. Ese salvaje viaje a ninguna parte que está poniendo la guinda al año que se va.

España carece de armonía. Al menos, de la armonía necesaria para celebrar despreocupadamente estos días. Existe un evidente trasfondo de preocupación, malestar social y tristeza: de falta de Justicia. Ello no obstante, y por supuesto, la celebraremos. Regalos, comida y Navidad.

Celebraremos la Navidad, aunque suban los tipos de interés y aumente el volumen de población que vive en la pobreza o, al menos, en el umbral de ella. Celebraremos la Navidad, aunque la práctica mayoría de nuestros ciudadanos carezcan del elemental derecho de acceso a la Vivienda. Celebraremos la Navidad, aunque nuestros soldados se encuentren muy lejos, sirviendo intereses extraños dentro de conflictos ajenos. Celebraremos la Navidad, aunque existan formaciones políticas que, también durante estas Fiestas, sigan planeando las mil y una maneras de acabar con España. Celebraremos la Navidad, aunque buestra identidad cultural y nacional esté amenazada. Celebraremos la Navidad siempre... porque España y yo somos así, Señora...

Y es que el año viene interesante. Fascinante desde un punto de vista político. Elecciones Municipales en Mayo. Acontecimiento de trascendencia directa en la vida de nuestro Pueblo. También promete ser interesante contemplar como intenta Zapatero salir del embolado del proceso de paz... asesinos nacionalistas vascos convertidos, por arte y porrazo, en campeones de la paz universal... ¿el Nobel para Otegui? ¿por qué no? Recordad que también se lo dieron a ese tremendo pacifista del sionismo llamado Menahem Begin. Vaya pareja amigos... mejor no bromear con estas cosas, entre otras cosas porque no tienen gracia. Ninguna.

Demasiados problemas sociales y políticos para una Blanca Navidad. Una Navidad sin Justicia. Sin embargo, una vez más, nos volverá a emocionar la luz y la música, el reencuentro y la ausencia. La Navidad, en definitiva, que sigue estando ahí, esperándonos como cada año. Siempre y cuando no la pille -claro está- alguna Directora de Instituto y nos la tire a la basura, en aras de un bien entendido seguimiento de la alianza de civilizaciones zetapera. Porque, hasta en materias tan simples como esta, existen complejos cursis de los tontos de siempre. Estos son capaces de renegar de la Navidad para que no se enfaden nuestros amigos integrados. Cambian nuestra Historia y pretenden cambiar nuestras costumbres.

Ha sido muy duro lo de la Directora del Instituto. Lo del Portal de Belén tirado a la basura. Esta actuación refleja ese modo oficialista de enfrentarse a la Historia de España y a sus ancestrales tradiciones navideñas... Memoria Histórica presente, pasada y futura. Y es que existe todo un conjunto de españoles trabajando activamente para dejar de serlo. Una Quinta Columna al servicio de intereses oscuros, frente a la que estamos respondiendo activamente desde donde nos dejan. Los problemas son graves, pero nuestra respuesta está dando la talla.

Por eso -hoy más que nunca- adquiere vigencia esa vieja consigna falangista... “ni un hogar sin lumbre ni un español sin pan”. Porque existen hogares sin calor y españoles sin pan, y porque nos acordamos de ellos -más si cabe- siempre en estas fechas. A todos... FELICES NAVIDADES, en el deseo de hermandad entre todos nosotros. Pese a quien pese y moleste a quien moleste.

Publicado en el Núm. 52 (ÉPOCA II) de "La Gaceta Escurialense".

(*) Nacho Toledano es abogado y Secretario Nacional de Política Municipal de FE-La Falange.

«El frío de la muerte me despertó»

«Yo, además, tenía una herida en la pierna. Me la había hecho un miliciano en la prisión cuando intentaba robar una hogaza de paz. Me clavó el machete, pero no me quitó la hogaza».

«No nos mueve el odio, sino el perdón y el olvido», afirmaba ABC en su portada del 16 de enero de 1977, al anunciar el testimonio de Ricardo Rambal, detenido y fusilado sin juicio ni más acusación que su pertenencia a Falange, pero quien sobrevivió milagrosamente a la matanza de Paracuellos. Documento que debe formar parte también de nuestra memoria colectiva.

Ricardo Rambal, abogado, de 55 años, abraza una sencilla cruz de granito y hace un gesto para evitar la emoción: «Aquí me fusilaron hace cuarenta años. Yo era un chaval de quince». En el cementerio de Paracuellos hace mucho frío, quizá tanto como aquella noche del 28 de noviembre de 1936, cuando el señor Rambal, entonces Ricardito para todos, fue llevado a trompicones hacia el borde de una fosa común junto a otros presos políticos de la cárcel de San Antón. Frente a ellos un grupo de hombres con pistolas, fusiles y escopetas de caza dispuestos a matar. Unos obligados, otros voluntarios.

«Hacía frío, pero, créame, que no lo notábamos. Llevábamos la ropa interior y el mono de la prisión, nada más, pero no notábamos el frío. El miedo era la sensación más fuerte, no había lugar para sentir nada más». No habían recorrido ni 50 metros desde que fueron bajados de los camiones…
«Algunos de nuestros compañeros llevaban las manos atadas». Una descarga. Luego una detonación, otra, una nueva descarga…

«Yo, además, tenía una herida en la pierna. Me la había hecho un miliciano en la prisión cuando intentaba robar una hogaza de paz. Me clavó el machete, pero no me quitó la hogaza».
Tiempo para una oración, un recuerdo y cuerpos que caen retorcidos, gritos, gemidos…
«Con nosotros estaba Muñoz Seca: lo mataron esa noche».

«Hacía frío, pero, créame, que no lo notábamos. Llevábamos la ropa interior y el mono de la prisión, nada más, pero no notábamos el frío. El miedo era la sensación más fuerte, no había lugar para sentir nada más».

Más detonaciones, más disparos, más gritos. Y silencio. Silencio de muerte. Desde el pueblo de Paracuellos se escuchaban detonaciones casi todas las noches... y luego, los vecinos también notaban el silencio de la muerte.

Un testigo presencial hubiese quedado paralizado al ver que uno de los cuerpos, aparentemente sin vida, de los asesinados en esa tanda comenzaba a moverse. «No sabía dónde estaba ni qué me había pasado. Serían las doce de la noche cuando abrí de nuevo los ojos. Me dolía una pierna, el estómago y la boca. Sangraba, sangraba mucho. Sin moverme del lugar en el que había caído palpé el terreno con ambas manos. El frío de los muertos me hizo reaccionar. ¡Qué escena…! Cuerpos y cuerpos sin vida, amontonados, ensangrentados, algunos terriblemente desfigurados. Me puse de pie, dudé décimas de segundo y salí corriendo despavorido. Creo que no grité porque tenía un intenso dolor en la boca. Luego me daría cuenta, horas más tarde, de que tenía una bala incrustada en el paladar. Era el tiro de gracia que me había entrado por la barbilla, pero afortunadamente el proyectil se quedó en la boca».

De madrugada, como todos los días que seguían a una ejecución, llegarían los enterradores, despojarían a los cadáveres de lo poco de valor que conservasen y les echarían tierra encima. Nadie notó la falta de uno de ellos. Oficialmente, don Ricardo Rambal Madueño, falangista, había sido fusilado en Paracuellos la noche del 28 de noviembre de 1936.
«Fui detenido el 4 de junio por ser militante de Falange. Sin más acusación, sin juicio previo, sin más diligencias, pasé a la Cárcel Modelo. Allí me encontré con grandes amigos, entre ellos el propio José Antonio. Los primeros momentos en la cárcel no fueron los peores. Todavía estábamos vigilados por oficiales de prisiones y la vida era, dentro de lo que cabe en una prisión, bastante normal. Pero estalló el Alzamiento y las cosas comenzaron a endurecerse: de presos políticos pasamos a ser prisioneros de guerra.

El 22 de agosto desaparecieron los oficiales de prisiones y la cárcel fue tomada por los milicianos. Pertenecían al grupo de ferrocarriles y estaban al mando de uno al que llamaban “Papá pistolas”. Ese día, muy temprano, nos hicieron salir al patio a esperar órdenes. Cuando más confiados estábamos, unas ametralladoras, instaladas en unas casas del paseo de Moret, comenzaron a dispararnos. Cayeron muchos, pues nos cogieron por sorpresa.

Ametrallados

Yo corrí a refugiarme a un muro con otro grupo de presos. En ese instante abrieron las celdas de los comunes, para dejarles en libertad, y las ametralladoras dejaron de disparar. Corrimos a refugiarnos en nuestra galería. Algunos de los comunes, antes de marcharse, prendieron fuego a la prisión. La panadería, que estaba debajo de la entrada a nuestra galería, fue la dependencia más afectada, hasta el punto de hundirse el techo y dejarnos aislados del exterior. Eso nos salvó.
Una vez desescombrada la puerta de la galería entraron los milicianos: “Os habéis salvado por los pelos —nos dijeron—, pero os vamos a juzgar a todos”. Al día siguiente entraron unos milicianos a la galería y señalaron a unos cuantos: “Venir, que os vamos a juzgar”. El primero en salir fue un comisario de Policía, Martín Bárdenas. Poco después escuchamos una descarga y nunca más volvimos a verle. El segundo fue Enrique Matorras, que había abjurado del comunismo con su libro “El comunismo en España”… En aquellos días cayeron Melquiades Álvarez y otros».

(...)

«Cesaron los “juicios”. Dos días después fuimos sacados de nuevo al patio. Nuestras miradas se agudizaban para intentar descubrir los cañones de las ametralladoras; el recuerdo del 22 lo teníamos muy vivo. En esta ocasión no intentaron matarnos. Nos dieron ropa —antes nos la habían quitado— y nos dejaron pasear. Pero no nos daban ni de comer ni de beber y los milicianos, para divertirse, nos tiraban trozos de pan desde las garitas. Ya se puede imaginar los saltos que dábamos para cogerlos.
Pronto se presentaría otra novedad: las sacas de presos. En septiembre y octubre las hicieron sin listas, a dedo. Debieron de ser los ejecutados en la Casa de Campo y otros lugares de Madrid
Y llega noviembre. A mí me trasladan en un autobús de dos pisos, junto con otros presos, a la prisión de San Antón. Algunos hablaban de libertad y de juicios justos, eran optimistas.

Pero no nos daban ni de comer ni de beber y los milicianos, para divertirse, nos tiraban trozos de pan desde las garitas. Ya se puede imaginar los saltos que dábamos para cogerlos.

En efecto, hubo juicios. Recuerdo que el día que me juzgaron no había luz y el Tribunal se alumbraba con una vela, lo que daba un aspecto más fantasmagórico a la escena. Me preguntaron, contesté, y dictaron sentencia favorable: “Está usted libre”, me dijeron, y pusieron un punto rojo junto a mi nombre. A estas alturas todos sabíamos lo que significaba. Volví a mi celda y abracé a mi amigo Cousiños, un abogado, íntimo amigo mío. Sabíamos los dos que era nuestro último abrazo.

Al día siguiente, ya anochecido, me llaman por lista y me suben a un camión. Todos íbamos muy serios, con un nudo en la garganta. Algunos fumaban muy deprisa un cigarro regalado o robado. Sabíamos que nos quedaba de vida lo que los camiones tardasen en llegar a Paracuellos.

Luego, después del fusilamiento, cuando desperté y salí corriendo; era noche cerrada. Mi única obsesión era alejarme de aquel lugar. ¿Quién me diría que horas después de subir a un camión que me llevaba a la muerte, podría emprender otro viaje de regreso a la vida?

Cuando amaneció me escondí entre unos matorrales y así permanecí todo el día, desfallecido, hambriento, sediento y con miedo. Intenté poner mis ideas en orden. Tengo que volver a Madrid, me dije, y cuando anocheció emprendí el camino de regreso. Toda la noche caminando, con frío, con dolor, casi sin fuerzas. Volvió a amanecer y me volví a esconder. Cuando anocheció de nuevo, reemprendí la marcha hasta llegar a las barricadas de Canillejas. Era mi tercer día de caminata.

Mi primer problema fue burlar los controles, y el segundo orientarme. Los bombardeos y combates habían desfigurado la ciudad... Por fin llegué a la calle Leganitos, donde vivíamos, y vi mi casa destruida por una bomba. En ese momento pensé tirarme bajo las ruedas del primer coche que pasase, ya no podía más.
Pero una vez más el destino me abrió los brazos. ¿Ricardito, qué te han hecho? Era la voz de una vecina que me reconoció. Tu madre está en los bajos del cine Capitol, en un refugio de los guardias de asalto.

Con las pocas fuerzas que me quedaban fui hacia allí. La vista se me nublaba, las heridas me dolían, había perdido mucha sangre y me faltaban fuerzas. Abrí la puerta del refugio y vi, al pie de una escalera, a mi madre llorando... En la cárcel le habían dicho que había sido fusilado. Al oír la puerta miró, me vio, sus ojos se abrieron y gritó ¡hijo! ... No pude más, y caí rodando.

Sin odio

A los tres días recobré el conocimiento, sentía dolor, pero me encontraba mucho mejor. Los refugiados que estaban allí me quitaron la bala de la boca y me alimentaron como pudieron. Después, un guardia de asalto me facilitó un mono, un carné de la C.N.T. y una pistola: “Toma —me dijo—, defiéndete como puedas y guarda la última bala para ti”.
Volví a tomar contacto con los míos en Madrid y me pasé al frente nacional por la Universitaria. Primero estuve en el servicio de espionaje y luego en unidades de combate. Ésta es mi historia».
Una historia contada una fría mañana de enero, junto a lo que en pura lógica debía ser su tumba. Al pie de la cruz de granito hay una inscripción: «José Cousiños. 2-XII-36». «Como no sé dónde cayó mi amigo he elegido el que debería ser mi sitio para él». Ricardo Rambal, abogado, 55 años, cuenta la historia; se emociona, pero no odia. Es de agradecer.

Falange Auténtica aprueba por unanimidad las ponencias de estrategia y organización en su II Congreso Nacional

Falange Auténtica aprobó ayer por unanimidad las dos ponencias presentadas en su II Congreso Nacional de Militantes.

Las ponencias, una organizativa y otra estratégica, contaron con el apoyo de la amplia mayoría de los compromisarios después de varias enmiendas parciales. La organización cuenta ya con unos nuevos estatutos y una nueva estrategia de cara a los próximos años abaladas con el respaldo de sus militantes. Esta unanimidad representa la unidad y cohesión que vive el partido cuatro años después de su nacimiento.

El Congreso tuvo lugar este fin de semana en el Hotel Carton de Madrid y a él acudieron compromisarios de toda España en representación de los afiliados de la organización.

LA REDACCIÓN

En recuerdo a Julio y Fernando

El dia 22 de agosto pasado se cumplieron 70 años de la muerte de dos camaradas: Julio Ruiz de Alda y ernando Primo de Rivera, cuando las turbas asaltaron la Cárcel Modelo de Madrid, donde libraron a los presos comunes e hicieron salir al patio de la prisión a la galería primera donde se encontraban internados los presos políticos, que fueron masacrados y ametrallados. A los más destacados les reunieron en una sala y les condujeron a un sótano donde les fusilaron, entre los que se encontraban Julio y Fernando.

De Fernando solo nos quedo la foto de su cadaver, un cadaver en el cual permanecía la sonrisa, sin asomo de miedo, con el íntimo convencimiento de la muerte como acto de servicio. De Julio tenemos algo mas, y de lo que escribió podemos selecionar esto:

“En medio de la mediocridad nacional, la Falange irrumpe como un fenómeno desconocido hasta ahora. No por la originalidad – con ser mucha – de su programa, sino porque es el único movimiento que no se limita a agrupar a sus partidarios por la vaga coincidencia en su programa, sino que trata de formarlos por entero, de infundirles, religiosamente, una moral, un estilo, una conducta. La Falange no ha seguido a las viejas agrupaciones políticas, aspirantes a remediar el mal de España con unos coloretes a flor de piel; la Falange ha calado hasta la raíz; ha empezado por el principio; no se ha conformado con tener adheridos, ficheros y cuotas: ha aspirado a tener hombres y mujeres; seres humanos completos, entregados a la abnegación del servicio…”

Julio Ruiz de Alda y Fernando Primo de Rivera, ¡PRESENTES!.

GARCÍA LORCA Y JOSÉ ANTONIO: DOS ROSTROS DEL MISMO DRAMA

Gilberto Aguilar Avilés

A diferencia de García Lorca, quien no militaba en ninguno de los bandos contendientes en la guerra civil española, José Antonio Primo de Rivera era un joven fogoso, dedicado a crear un movimiento masivo llamado “Falange Española” que atrajo a millares que estaban decepcionados y temerosos ante las muestras de ingobernabilidad y que por momentos llevaba a la República a la extrema izquierda.

Dice Santillana: “Durante la guerra civil y el nuevo régimen que allí nace (de Franco), su importancia será decisiva, no sólo por el número de hombres que aporta, sino por ofrecer todo un contenido ideológico, sus gritos revolucionarios, sus canciones, sus camisas azules, a un pueblo que lucha por conseguir un orden político nuevo”.

En su proclama afirma el mismo José Antonio: “El movimiento de hoy, que no es de partido, sino que es un movimiento, casi podríamos decir un antipartido. Sépase desde ahora, no es de derechas, ni de izquierdas. Porque en el fondo la derecha es la aspiración a mantener una organización económica, aunque sea injusta, y la izquierda es en el fondo el deseo de subvertir una organización económica, aunque al subvertirla se arrastran muchas cosas buenas”. El lema de la Falange era: “Pan, justicia y Patria”. Hablar de Patria en un medio dominado por los republicanos era un tanto riesgoso, pues éstos eran, más bien, internacionalistas. Insistía José Antonio: “La Patria es una unidad total en que se integran todos los individuos y todas las clases; la Patria no puede estar en manos de la clase más fuerte ni del partido mejor organizado. Que todos los pueblos de España, por diversos que sean, se sienten armonizados en una irrevocable unidad de destino”.

A mediados de 1936, José Antonio es hecho prisionero por los republicanos y lo recluyen en la Cárcel Modelo de Madrid. Un tribunal superior sentencia que Falange Española es legal. Esto incomoda a los republicanos, quienes al ver que aquella cárcel asiduamente es visitada por falangistas, deciden trasladar a José Antonio a la prisión de Alicante (Mediterráneo). Se inicia entonces un movimiento para el rescate del líder, que lo incluya todo: presiones diplomáticas de Inglaterra y Francia; sobornos; intentos de golpes de mano, sin descartar una operación secreta de la marina alemana. A la cabeza de estos esfuerzos estaban los escritos de autodefensa del mismo José Antonio, notable abogado. Todo falló. Una de las acusaciones decía que el líder falangista había hecho un llamamiento a favor del alzamiento de Franco. Ya para el 18 de julio de 1936 se inició la guerra civil con el levantamiento en Marruecos. Los republicanos sabían que ante un eventual triunfo de los alzados, Falange Española aportaría el material intelectual del nuevo régimen. Por lo tanto, la muerte de José Antonio ya estaba prescrita y fue dictada en un improvisado tribunal carcelario. La brillante autodefensa sólo logró salvar la vida de su hermano Miguel.

Viene la dolorosa despedida de su familia. Llega el fatal 20 de noviembre de 1936. José Antonio camina al suplicio e intenta un diálogo con sus silenciosos verdugos. Como dice A. Gibello: “Eran las siete y media de la mañana del día 20. A la primera descarga, José Antonio cae muerto, después le dan el tiro de gracia”. Estas son las palabras con las que José Antonio concluye su testamento: “Ojalá fuera la mía la última sangre española que se vertiera en discordias civiles. Ojalá encontrara ya en paz el pueblo español, tan rico en buenas cualidades entrañables, la Patria, el Pan y la Justicia”.

¡Devolvedme mi camisa!

¡Si, esa, la que es azul!, no quiero la roja, ni la verde, no quiero ni la marrón ni la negra, quiero la que es mía, quiero la que es azul, esa que hace muchos años le quitasteis a mis camaradas, esa que me quitasteis a mi, esa que a pesar de los años y de los lavados, aún deja ver los desgarros de las balas y el rojo de la sangre de mis camaradas.

Devolvedme mi camisa, y con ella todo lo que os llevásteis, lo que le quitasteis a mis camaradas, lo que me quitasteis a mi; esa camisa, la que es azul, la que está manchada del sudor y de la sangre de mis
camaradas, la que busca justicia para nuestro pueblo y para nuestra Patria, la que guarda restos de las tierras castellanas, andaluzas, catalanas, de toda nuestra Patria, la que guarda restos del hielo de las estepas rusas, la que guarda restos del frío cemento de las cárceles, la que guarda restos de la cal de miles de paredes, la que guarda también mis esperanzas y las de mis camaradas, esa, mi camisa,la que es azul, la que guarda el futuro y la que guarda la ilusión.

Devolvedme mi camisa, la necesito para mi, la necesito para mi pueblo, la necesito para mis gentes y la necesito por y para mis camaradas de allí.

Devovedme mi camisa, a vosotros os viene grande.
Devolvedme mi camisa, soy falangista.
Devolvedme mi camisa, me hace falta para hacer la Revolución.

Devolvedme mi camisa, si, esa, la que es azul!

Artículo publicado en "EN LA BRECHA"

Printemps rebelle

Por su interés, FalangeHoy publica un texto íntegro de la web "autogestión digital".

Printemps rebelle [1]

Por Justo Hernández

Mientras a este lado de los Pirineos la máxima expresión de rebeldía juvenil, parece ser la celebración de macrobotellones, la juventud francesa está de nuevo en la calle; y ya no se puede decir que se trata de emigrantes excluidos que queman coches. La clave de las protestas está en la devastación de unos derechos sociales y laborales edificados durante largo tiempo por un movimiento obrero vigoroso que ahora intenta ser castrado desde imperativos neoliberales.

Francia registró en la última década en desempleo promedio superior a 10 por ciento -uno de los peores de la Unión Europea-, en tanto el paro entre los jóvenes menores de 25 años se situó en 20 puntos porcentuales durante casi una generación.
Las precarias condiciones de ocupación entre la juventud francesa llevaron a que los graduados universitarios emigren a otras naciones de la UE, en especial, Irlanda, en busca de mejores opciones laborales.

El jefe del Gobierno conservador, Dominique de Villepin se ha sacado de la manga el CPE (Contrato de Primer Empleo), que algunos traducen "CPE: C como desempleado ('chomeur' en francés), P como precario y E como explotados", y que supone una vuelta de tuerca más hacia la desregulación total del mercado de trabajo y un posible aviso de lo que nos espera al resto de trabajadores europeos.

Los números de una crisis

- El 23% de los menores de 25 años está en paro. Un 40% si no tienen ninguna titulación.

- El poder adquisitivo de los menores de 35 años ha descendido un 5% en los últimos años.

- El 12% de los trabajadores entre 15 y 29 años tiene un empleo precario.

- Un 67% de los jóvenes entre 21 y 24 años piensa que una titulación no es una garantía contra el paro.

- El 90% de los jóvenes franceses entre 19 y 24 años viviría bajo el umbral de la pobreza si contase únicamente con sus recursos.

- En 1975 los asalariados de 50 años ganaban el 15% más que los de 30. En 2004 ganan un 40% más.
Más del 50% de los universitarios están obligados a trabajar mientras estudian, ya sea a tiempo completo o parcial.

- Con 18 años un joven de cada 5 abandona sus estudios. El 8% no acaba la secundaria.

- Un licenciado tarda entre 8 y 10 años en conseguir un contrato indefinido.

Fuente: diario La Razón

La emblemática Universidad de la Sorbona se ha convertido en uno de los escenarios clave de las protestas estudiantiles. A principios de marzo fue ocupada por cientos de estudiantes que fueron desalojados horas después. Desde entonces permanece cerrada, apareciendo literalmente blindada por las fuerzas antidisturbios, extendiéndose la revuelta a buena parte de las universidades y liceos del país.

En grandes líneas, este contrato tendrá una duración indefinida y se destinará a los menores de 26 años que trabajen en empresas de más de 20 empleados.

Uno de sus puntos más polémicos es el hecho de que la empresa podrá despedir durante los primeros dos años de vigencia del contrato, sin dar ninguna explicación o compensación, al trabajador que se ve encadenado al CPE.

"Generación de usar y tirar", titulaba el diario francés Liberation para ilustrar el futuro que afrontan los jóvenes franceses al terminar sus estudios e incorporarse al mercado laboral.

Que nadie vea romanticismos en estas movilizaciones, ni en las protagonizadas por los jóvenes emigrantes de origen magrebí. No estamos ante un nuevo “Mayo del 68” como algunos quieren ver. Muchos estudiantes rechazan cualquier similitud, no se trata de poner en cuestión todas las ideologías de la sociedad, a pesar de que es cierto que no están satisfechos con el giro que está tomando la política francesa y señalan la necesidad de un cambio de profundo. La reivindicación es muchos más inmediata: echar atrás el CPE, como antes lo fue denunciar la hipocresía del racismo institucional.

Porque, al fin y al cabo, aunque la playa permanece debajo de los adoquines, el divorcio entre la sociedad real y la clase política es también, en Francia, una constante en la que se ven con esperanza indicios de alegre insumisión, como pudieron constatar, con la subsiguiente sorpresa, los eurócratas de Bruselas ante el mayoritario rechazo galo a la Constitución Europea.

Movimientos de estas características, de rebeldía ciudadana, de oposición al hegemonismo mundialista, son los que, pese a quien pese nos hacen soñar que algún día la imaginación llegue al poder. Lo importante ahora es que nadie nos diga “Tois jeune et tais toi”.

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[1] Primavera rebelde

[2] Eres joven, cállate