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Lo demandó el honor y obedecieron,
los requirió el deber y lo acataron,
con su sangre, la empresa rubricaron,
con su esfuerzo, la Patria redimieron.

Fueron grandes y fuertes porque fueron
fieles al juramento que empeñaron.
Por eso, como valientes lucharon.
Por eso, como mártires murieron.

Inmolarse por Dios fue su destino,
salvar a España, su pasión entera,

servir en el Ejército, su vocación y sino.

No pudieron querer a otra Bandera,
no quisieron andar otro camino,
no supieron morir de otra manera.



Que el Señor de la vida y la esperanza, fuente de salvación y paz eterna, les otorgue la vida que no acaba, en feliz recompensa por su entrega.


¡RAUL CENTENO PRESENTE!